MODELOS SOSTENIBLES DE DEPURACIÓN DEL AGUA Por DAVID FERNÁNDEZ AGREDANO

Actualizado: 20 nov 2020



ENTREVISTA A JESÚS FERNÁNDEZ, Catedrático Emérito de la UPM.




«Normalmente siempre hay un relato teórico y unos intereses ocultos».


Ubicado al sur de la provincia Granada, el Valle de Lecrín es una comarca que agrupa ocho municipios, todos con una población menor de 8,500 habitantes. Su enclave lo convierte en un lugar privilegiado y su patrimonio medioambiental lo dota de una inusual belleza paisajística; por eso es el objetivo de grandes empresarios especuladores que tratan de obtener los máximos beneficios económicos de sus recursos naturales. Como respuesta a esta situación, un grupo de ciudadanos constituyó la Plataforma para la Defensa del Agua en el Valle de Lecrín y Sierra Nevada.



Ruta de la Pavilla en Nigüelas, Valle de Lecrín (Granada)


Este colectivo se originó durante una serie de movilizaciones ciudadanas con el propósito de frenar varios intentos ―por parte de multinacionales― de explotar y embotellar el agua de los acuíferos de Dúrcal, «cabeza de comarca» del Valle. Hoy se movilizan por conseguir un


sistema blando de depuración de aguas que garantice la preservación de los recursos y la viabilidad y continuidad del proyecto.


Artista local embelleciendo la Ruta de los Bolos, en Dúrcal


Jesús Fernández, Catedrático Emérito de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), ha ejercido de asesor técnico en varias regiones del territorio nacional donde se han incorporado con éxito este tipo de modelos de fitodepuración.

En esta entrevista, el catedrático nos transmite sus conocimientos sobre el papel del agua como elemento primordial para el desarrollo de una comunidad próspera, además de hablarnos sobre este tipo de modelos de depuración de aguas residuales alternativos y sostenibles:


DFA: En la actualidad tenemos un problema medioambiental crítico, ¿qué cree que pasará con el agua en el futuro?

JF: El agua ha sido siempre la base de la vida y de la producción de alimentos; donde abundaba, se asentaban los poblados. Ahora, la agricultura productiva ocupa la mayoría de las tierras fértiles. ¿Qué va a pasar en el futuro? Pues el agua no se crea ni se destruye, se va transformando de estado y sigue su ciclo. La cantidad de agua existente en el planeta no va a variar sensiblemente, aunque descienda la cantidad de agua helada y aumente el volumen de agua líquida. Con el cambio climático variará su densidad de distribución en el espacio, y donde antes había un desierto podría surgir un vergel y viceversa; pero este tipo de predicciones a mí se me escapan.



DFA: Entonces es bastante común que las poblaciones tiendan a estar en un sitio abundante en agua…

JF: Exacto. Unas veces, las guerras de los pueblos primitivos se han desatado por un pozo o por una fuente; otras por valles fértiles. Eso suponía la seguridad de producir alimentos.



DFA: En la actualidad existen otras problemáticas.

JF: Además de la depuración, existe la problemática de los trasvases, mitad científica mitad económica. Es cierto que, ante todo, hay que respetar los derechos de los regantes ―que disponen de agua― y proteger el caudal ecológico de los ríos, pero a veces priman otros intereses. Por ejemplo, si el agua llega a pueblos de zonas más cálidas que las de origen, podrían obtenerse producciones agrícolas más tempranas y abundantes que las que se dan en las zonas de cabecera del agua, lo que supondría problemas de competencia entre ambos territorios. Normalmente siempre hay un relato teórico y unos intereses ocultos. Suele haber un móvil económico, desconocido para la mayoría de la gente que va de buena fe. No obstante, cualquier actuación en materia de trasvases requeriría de estudios científicos serios y de un amplio consenso entre los sectores afectados.


La Vega del Padul y el Valle de Lecrín (Granada)


DFA: ¿Por qué quienes se dedican a promulgar políticas renovables no apuestan decididamente por un modelo de depuración de aguas como el que usted defiende?

JF: La depuración de agua es un negocio. Las empresas dedicadas a la depuración normalmente hacen depuradoras de hormigón de alto consumo energético (sistemas duros). Estas requieren un mantenimiento especializado, que constituye una parte de su negocio. No les interesa un sistema de bajos costes de inversión y de mantenimiento. Las grandes empresas suelen asesorar a las personas que tienen competencia en la depuración de sus aguas residuales, pero que desconocen las ventajas e inconvenientes de los distintos procesos y les orientan preferentemente hacia los sistemas duros, que son los que mejor conocen y los que proporcionan mayor beneficio económico.


DFA: Usted defiende un sistema basado en humedales artificiales.

JF: Sí, son sistemas extensivos de bajo consumo, en oposición a los sistemas duros e intensivos, de mayor consumo energético, aunque requieren menos superficie de terreno. Existen diversos tipos de humedales. Nosotros hemos desarrollado los humedales en base a filtros flotantes de helofitas, que son bastante eficientes. Hicimos uno de estas características en Fabara (Zaragoza), un municipio de alrededor de 1,300 habitantes. Lleva funcionando catorce años sin interrupción y de forma correcta. Estos sistemas necesitan de dos o tres metros cuadrados de superficie filtrante por habitante equivalente, lo cual no suele ser un problema para los pueblos pequeños porque les sobra terreno rústico donde implantarlos. En las grandes poblaciones no podría aplicarse tan fácilmente. Lo ideal es para localidades de menos de mil habitantes. Sin embargo, la gran mayoría de pueblos españoles de menos de mil habitantes carecen de depuradora, y si la tienen son de tipo convencional. Estas no funcionan porque los costes son tan elevados que no pueden asumirlos.


DFA: ¿En qué poblaciones se ha implantado este modelo?

JF: Hay muchas. En Castilla La Mancha se han hecho más de un centenar de actuaciones de este tipo. El principal problema es que no las han diseñado y mantenido correctamente porque, aunque son sistemas sencillos, hay que construirlos de la manera adecuada. En Aragón tienen un programa para hacer varias depuradoras tomando como modelo la de Fabara.


DFA: ¿Se encontraron con algún tipo de resistencias en Aragón?

JF: El alcalde de Fabara fue un entusiasta impulsor del sistema para su municipio y tuvo algún problema inicial por promover una depuradora que chocaba con las que promovía el Gobierno de Aragón. Había intereses en contra. Pero aquello pasó y hay una tendencia muy positiva hacia este tipo de depuradoras para los pueblos pequeños en los últimos dos años.



DFA: ¿Sería posible una depuradora de estas características en poblaciones de 10,000 habitantes?

JF: Depende de que haya terreno para implantarla; se requerirían unas tres o cuatro hectáreas. Si no hubiera bastante terreno rústico disponible, se podría optar por un sistema mixto de humedales y biodiscos que podrían instalarse en una hectárea de terreno. Requeriría un aporte continuo de energía, pero siempre mucho menor que el que necesitan las depuradoras convencionales.


DFA: ¿Qué le diría a quienes son reacios a estas alternativas?

JF: Que se informen primero. Muchas veces son reacios por desconocimiento, salvo que tengan intereses en contra. Si después de informarse tienen alguna objeción razonada, deberían exponerla y discutirlo con expertos.


DFA: ¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de este modelo?

JF: Conlleva bajos costes de implantación y de mantenimiento, y además es un sistema ecológico que puede hasta no tener ningún requerimiento de energía si la llegada del agua residual a la planta de fitodepuración se realiza por gravedad. Otra ventaja es que no produce lodos, algo muy ventajoso para el mantenimiento de la infraestructura. Quiero decir que, aunque los produce, el sistema los autodigiere. Los principales inconvenientes son que se necesita disponer de terreno suficiente y que requiere constancia en el mantenimiento, aunque su coste es mucho menor que en las depuradoras convencionales.


DFA: Normalmente se opta por un modelo duro…

JF: El problema es que la depuración normalmente depende de los Departamentos o Consejerías de Medioambiente, cuyos técnicos suelen ser del área de la ingeniería civil, quienes aplican los sistemas convencionales que conocen ―principalmente sistemas de alto consumo energético (sistemas duros)― en estructuras de hormigón. No suelen considerar los sistemas de fitodepuración porque no los han estudiado en profundidad: desconocen la tecnología y su eficacia.





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